Ciencia curiosa

Por qué los flamencos son rosas y no pueden evitarlo

No nacen así. No lo eligen. Y si dejan de comer lo que comen, se vuelven blancos. Una historia de pigmentos, camarones y biología al límite.

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El flamenco rosa no nace rosa. Nace blanco, casi gris, con el aspecto de quien todavía no ha decidido qué va a ser de mayor. El color llega después, con la dieta, y depende completamente de lo que coma durante los primeros meses de vida.

El responsable es un grupo de pigmentos llamados carotenoides, los mismos que tiñen de naranja las zanahorias o de rojo los tomates. Los flamencos los obtienen de las algas y los crustáceos que filtran del agua con su peculiar pico invertido. Sin esa fuente de pigmento, el animal pierde el color.

Lo interesante no es solo que el color dependa de la alimentación. Es que si dejan de comer esos pigmentos, las plumas nuevas crecen blancas. El rosa no es permanente. Es un estado continuo, una declaración de intenciones renovada con cada comida.

Hay algo casi filosófico en un animal que literalmente es lo que come. Aunque en el caso del flamenco, la filosofía tiene plumas y huele a cangrejo.

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