Durante décadas se creyó que bostezamos para aumentar el aporte de oxígeno al cerebro. Esta hipótesis está descartada: respirar más oxígeno o más dióxido de carbono no cambia la frecuencia de los bostezos.
La teoría actualmente más respaldada propone que el bostezo funciona como mecanismo de termorregulación cerebral. Bostezamos más cuando la temperatura ambiente es moderada que cuando es muy fría o caliente. Aplicar compresas frías en la frente reduce la frecuencia de bostezos contagiosos.
El bostezo contagioso se asocia con la empatía. Las personas con mayor puntuación en escalas de empatía contagian más fácilmente el bostezo. Los perros bostezan al ver bostezar a sus dueños, pero no a desconocidos.
El bostezo contagioso es posiblemente la forma más antigua e involuntaria de decirle a alguien que estás en sintonía con él.