El mito de que los perros ven en blanco y negro es completamente falso. Los perros tienen visión dicromática: ven dos rangos de colores, el azul y el amarillo, además de los grises. Lo que no pueden distinguir es la diferencia entre el rojo y el verde, que para ellos aparecen como tonos similares de amarillo o marrón.
La razón es estructural: los humanos tenemos tres tipos de fotorreceptores de color en la retina, los conos, sensibles al rojo, verde y azul. Los perros solo tienen dos tipos, sensibles al azul y al amarillo. Esta diferencia refleja distintas presiones evolutivas: los humanos primates evolucionaron en un entorno donde distinguir frutos rojos maduros de hojas verdes era ventajoso. Los perros carnívoros no necesitaban esa distinción.
Lo que los perros tienen mucho más desarrollado que los humanos es la visión en condiciones de baja luminosidad. Tienen más bastones, los fotorreceptores sensibles a la luz pero no al color, y una capa reflectante detrás de la retina llamada tapetum lucidum que amplifica la luz disponible. Por eso sus ojos brillan en la oscuridad.
También tienen un campo visual más amplio, de unos 240 grados frente a los 180 humanos, aunque con menos agudeza en el centro.
El mundo de los perros no es gris. Es amarillo, azul y lleno de olores que nosotros no podemos ni imaginar. Su nariz ve más que nuestros ojos.