El efecto isla de calor urbano es el fenómeno por el que las ciudades tienen temperaturas significativamente más altas que las áreas rurales circundantes. La diferencia puede ser de 1 a 3 grados en promedio y de hasta 10 grados en las noches de verano.
Los mecanismos son varios. El asfalto y el hormigón tienen una alta capacidad de absorber y almacenar calor durante el día y lo liberan lentamente por la noche, cuando el campo ya se ha enfriado. La vegetación está ausente o reducida, eliminando el efecto de enfriamiento por evapotranspiración de las plantas. Los edificios crean cañones urbanos que atrapan la radiación solar y reducen la ventilación. El calor residual de los sistemas de aire acondicionado, los vehículos y la industria se suma al conjunto.
Las consecuencias son significativas: mayor consumo energético para refrigeración, peor calidad del aire por mayor formación de ozono troposférico, aumento de la mortalidad en olas de calor, y precipitaciones más intensas a sotavento de las ciudades.
Las soluciones incluyen tejados y fachadas verdes, pavimentos permeables y de colores claros, más arbolado urbano y diseño de espacios que favorezcan la ventilación natural.
La ciudad más caliente del mundo no está en el desierto. Está en cualquier metrópolis en agosto. El concreto y el asfalto construyen su propio clima, y nadie los eligió democráticamente.