El hipo es una contracción súbita e involuntaria del diafragma seguida inmediatamente de un cierre brusco de las cuerdas vocales, que produce el sonido característico. No tiene ninguna función fisiológica conocida en adultos. Es uno de los pocos reflejos del cuerpo humano que parece carecer de utilidad.
Las causas más comunes son comer demasiado rápido, tragar aire, el alcohol, los cambios bruscos de temperatura en el estómago y la distensión gástrica. Todas ellas tienen en común que irritan el nervio frénico, que controla el diafragma, o el nervio vago.
El hipo normalmente desaparece solo en minutos. Los remedios populares, contener la respiración, beber agua, asustarse, funcionan en algunos casos no porque traten la causa sino porque alteran el ritmo respiratorio o el tono del nervio vago, interrumpiendo el ciclo del reflejo.
El hipo crónico, que dura más de 48 horas, es una condición médica que puede requerir tratamiento. El caso más extremo documentado fue el de Charles Osborne, que tuvo hipo durante 68 años consecutivos.
El hipo no sirve para nada, no se puede controlar voluntariamente y desaparece solo. Es el recordatorio más molesto de que no controlamos nuestro cuerpo tan bien como creemos.