Un futbolista profesional realiza durante un partido entre 150 y 250 acciones de alta intensidad: sprints, saltos, cambios de dirección. La distancia total recorrida varía entre 10 y 13 kilómetros según la posición, con los centrocampistas cubriendo las mayores distancias.
El consumo de glucógeno muscular durante un partido es casi total. En la segunda parte, cuando las reservas empiezan a agotarse, la velocidad media de los jugadores cae entre un 5% y un 10%. Los errores técnicos también aumentan: el cerebro, como el músculo, rinde peor con menos combustible.
La temperatura corporal puede alcanzar los 39-40 grados en condiciones de calor. La pérdida de líquidos llega a los 4 litros en partidos en clima cálido. Una deshidratación del 2% del peso corporal reduce el rendimiento cognitivo y físico de forma medible.
Un partido de fútbol es un experimento de fisiología extrema repetido dos veces por semana. El cuerpo humano no estaba diseñado para esto. Lo que es sorprendente es que lo aguante tan bien.