La adenosina es un subproducto del metabolismo cerebral que se acumula durante las horas de vigilia y se une progresivamente a receptores en el cerebro, produciendo sensación de cansancio y somnolencia. Es el mecanismo por el que el cuerpo regula la necesidad de sueño.
La cafeína tiene una estructura molecular muy similar a la adenosina. Se une a los mismos receptores sin activarlos, bloqueando el efecto de la adenosina. El resultado es que el cansancio acumulado no desaparece: simplemente no llega a la conciencia mientras la cafeína está activa.
La vida media de la cafeína en el organismo es de entre 5 y 7 horas. Un café tomado a las 3 de la tarde tiene todavía la mitad de su efecto a las 8 o 9 de la noche, lo que puede dificultar conciliar el sueño aunque no se sienta somnolencia.
Cuando el efecto de la cafeína termina, toda la adenosina acumulada se une de golpe a sus receptores. Es el bajón del café: no es que el café agote la energía, es que el cansancio que había aplazado llega todo a la vez.
El café no te da energía. Te roba tiempo del cansancio y te lo cobra después con intereses. La mayoría de la gente lleva años refinanciando esa deuda cada mañana.