El punto de congelación del agua a 0 grados centígrados es el que conocemos en condiciones normales. Pero ese proceso requiere algo que a menudo pasamos por alto: un núcleo de cristalización, una partícula, una impureza, una superficie rugosa, alrededor de la cual los cristales de hielo puedan comenzar a formarse.
Si el agua está perfectamente purificada y en un recipiente perfectamente liso, puede enfriarse por debajo de 0 grados sin congelarse. A este estado se le llama agua subenfriada o supercooled water. En condiciones de laboratorio ideales puede mantenerse líquida hasta los -40 grados centígrados.
El agua subenfriada está en un estado metaestable: termodinámicamente debería ser hielo, pero no tiene dónde empezar a cristalizar. Cualquier perturbación, un golpe, una vibración, la introducción de una partícula, desencadena la cristalización instantánea y violenta de toda el agua a la vez.
Este fenómeno ocurre de forma natural en la atmósfera: las nubes contienen gotitas de agua líquida a temperaturas muy por debajo de cero. Cuando un avión las atraviesa, la turbulencia desencadena la congelación instantánea, creando hielo en las alas.
El agua a -20 grados que sigue líquida no está violando las leyes de la física. Está esperando una excusa para obedecerlas. Y cuando esa excusa llega, no pierde el tiempo.