La afirmación de que compartimos el 60% de nuestro ADN con una banana circula desde hace años y suena a broma. No lo es. Es un dato verificado que, correctamente interpretado, revela algo profundo sobre cómo funciona la vida en la Tierra.
Cuando se dice que compartimos el 60% del ADN con una banana, no se habla del genoma completo sino de los genes funcionales: las secuencias que codifican proteínas. Muchos de esos genes son tan fundamentales para la vida que se han conservado prácticamente intactos durante mil millones de años de evolución.
Con un chimpancé compartimos el 98,7% del ADN. Con un ratón, el 85%. Con un perro, el 84%. Con una mosca de la fruta, el 60%. Con una levadura, el 31%. La progresión refleja la historia evolutiva de la vida en la Tierra con una precisión que ningún fósil puede igualar.
El genoma es el archivo histórico más completo que existe. Cada organismo vivo lleva en su interior la historia de todos sus ancestros.
Compartir ADN con una banana no nos hace parecidos a una banana. Nos hace parte del mismo proyecto de mil millones de años que, por ahora, sigue funcionando.